La vida coloca obstáculos a todas las personas, a cada quien de acuerdo con su medida. Para Jhon Edgar Amaya, los obstáculos no han sido mayores a sus capacidades, un hombre brillante, académico, lleno de alegría, vitalidad, y con una amplia sonrisa, que se ha ganado el respeto y afecto de quienes lo rodean, gracias a su personalidad y a su deseo de alcanzar todo lo que se propone porque, para Jhon, "el límite es el cielo".17 años en silla de ruedas y una distrofia muscular progresiva, terminan siendo una tontería al lado del ímpetu de este ingeniero electrónico, que actualmente reúne 7 años como docente en la Universidad Nacional Experimental del Táchira. Tal vez pudo tener mayores facilidades para llegar hasta donde se encuentra, ha logrado a lo mejor menos escaleras, y más caminerías, pero aunque la sociedad no esté preparada para darle cabida a personas con discapacidades, estas situaciones dan pie para que ese precepto comience a cambiar, "las personas con alguna discapacidad tenemos muchas cosas importantes que aportarle a la sociedad en la parte académica, laboral y en lo personal, inclusive".Jhon Amaya es uno de los ejemplos de las personas con discapacidades que han hecho vida en los pasillos de las universidades venezolanas, venciendo la cantidad de estructuras que se elevaron en un país, que nunca pensó en que existirían seres como el de este testimonio: "para mí es una cuestión de cultura. En otros países, con la presión social y las necesidades, se ha logrado que se incluya este tipo de mecanismos como rampas y accesos directos, dentro de las universidades o de cualquier institución, porque no es un problema de la universidad como tal; si vas al centro de la ciudad te das cuenta de que no están adecuados esos ambientes para desplazarnos cómodamente, hace falta crear consciencia, y definir que, efectivamente, somos una prioridad".--- En ese sentido, quiero hacer una salvedad, que a pesar de que existen tantas dificultades, hay dentro de la sociedad tachirense un alto grado de colaboración, porque ciertamente, sin el apoyo de las autoridades universitarias, de mi familia, de mis amigos, de mis compañeros, de los profesores, y de los propios alumnos, obviamente hubiera sido mucho más difícil--- precisa en una conversación muy abierta, desarrollada en el laboratorio de computación de alto rendimiento que coordina.Cuando se le pide una apreciación sobre lo que representa haberse graduado entre los mejores de su promoción, tener una Maestría en la Ula en computación; y cursar estudios de doctorado, responde tranquilamente: "la vida siempre te va a presentar obstáculos, y está en cada persona decidir si eso va a ser una limitante o no. Lo primero que debemos pensar es que no hay límites cuando te desarrollas y haces lo que quieres hacer. Más si cuentas con el apoyo de los seres queridos. El paso número uno es quitarse de la mente el nudo de no puedo, y luego hacer lo que te gusta, que es la parte fácil".A pesar de que tiene la oportunidad hoy en día de ser un profesor universitario, y un investigador, Jhon Amaya reconoce las barreras que encontró cuando ingresó a la universidad: “me enteré que habían abierto la carrera de Ingeniería Electrónica, presenté la prueba y entramos 45 personas, inicialmente fue difícil porque donde hice el colegio era un ambiente más cómodo, aquí los espacios son más grandes, no conocía a nadie, hay muchas escaleras, y eso lo hizo complicado, pero la ayuda de mi padres y mis hermanos fue mi mejor impulso".En este momento, el ingeniero imparte clases de Tecnología de la Información y la Comunicación en el tercer semestre de Ingeniería Electrónica, una cátedra vinculada al desarrollo de aplicaciones que funcionen en red y, con sus enseñanzas, contribuyen a que los muchachos puedan adquirir conocimientos para hacer programas de ese tipo."Somos personas iguales al resto""Uno de los puntos fundamentales para ayudar a las personas con alguna discapacidad, es que las traten como a una persona normal. Si la gente piensa que se trata de alguien diferente, la cosa ya va mal, porque siempre existirá una barrera, o bien sea hacia arriba o hacia abajo; porque la van a subestimar o a sobreestimar, y en cualquiera de los dos casos, es terrible, porque o le tengo lástima o no lo puedo tratar como a los demás; nosotros somos ciudadanos normales, con ciertas limitaciones, pero con muchas capacidades", expresa Amaya.A sus 33 años, Jhon Amaya está apunto de ser doctor, gracias a los estudios de Tecnología de la información y la computación e inteligencia artificial, que cursa en un convenio de la Universidad del Táchira y la Universidad de Málaga, ya que su prioridad es prepararse cada vez más. "Si haces algo, debes hacerlo bien, nosotros estamos en la vida para aprender algo y debemos aprenderlo lo mejor posible".--- Yo les digo a los jóvenes, lo importante no es la meta, sino lo que andas; en ese sentido, el mensaje es disfruta el camino que transitas hasta llegar a la cosas que te propones, y yo he disfrutado lo que hecho hasta ahora; el cielo es el límite, simplemente falta un poco de voluntad, y ponerle corazón a las cosas--- finalizó. (Fuente: Diario La Nación. Autora: Laura Sobral)sábado, 26 de abril de 2008
Jhon Amaya: El límite es el cielo
La vida coloca obstáculos a todas las personas, a cada quien de acuerdo con su medida. Para Jhon Edgar Amaya, los obstáculos no han sido mayores a sus capacidades, un hombre brillante, académico, lleno de alegría, vitalidad, y con una amplia sonrisa, que se ha ganado el respeto y afecto de quienes lo rodean, gracias a su personalidad y a su deseo de alcanzar todo lo que se propone porque, para Jhon, "el límite es el cielo".17 años en silla de ruedas y una distrofia muscular progresiva, terminan siendo una tontería al lado del ímpetu de este ingeniero electrónico, que actualmente reúne 7 años como docente en la Universidad Nacional Experimental del Táchira. Tal vez pudo tener mayores facilidades para llegar hasta donde se encuentra, ha logrado a lo mejor menos escaleras, y más caminerías, pero aunque la sociedad no esté preparada para darle cabida a personas con discapacidades, estas situaciones dan pie para que ese precepto comience a cambiar, "las personas con alguna discapacidad tenemos muchas cosas importantes que aportarle a la sociedad en la parte académica, laboral y en lo personal, inclusive".Jhon Amaya es uno de los ejemplos de las personas con discapacidades que han hecho vida en los pasillos de las universidades venezolanas, venciendo la cantidad de estructuras que se elevaron en un país, que nunca pensó en que existirían seres como el de este testimonio: "para mí es una cuestión de cultura. En otros países, con la presión social y las necesidades, se ha logrado que se incluya este tipo de mecanismos como rampas y accesos directos, dentro de las universidades o de cualquier institución, porque no es un problema de la universidad como tal; si vas al centro de la ciudad te das cuenta de que no están adecuados esos ambientes para desplazarnos cómodamente, hace falta crear consciencia, y definir que, efectivamente, somos una prioridad".--- En ese sentido, quiero hacer una salvedad, que a pesar de que existen tantas dificultades, hay dentro de la sociedad tachirense un alto grado de colaboración, porque ciertamente, sin el apoyo de las autoridades universitarias, de mi familia, de mis amigos, de mis compañeros, de los profesores, y de los propios alumnos, obviamente hubiera sido mucho más difícil--- precisa en una conversación muy abierta, desarrollada en el laboratorio de computación de alto rendimiento que coordina.Cuando se le pide una apreciación sobre lo que representa haberse graduado entre los mejores de su promoción, tener una Maestría en la Ula en computación; y cursar estudios de doctorado, responde tranquilamente: "la vida siempre te va a presentar obstáculos, y está en cada persona decidir si eso va a ser una limitante o no. Lo primero que debemos pensar es que no hay límites cuando te desarrollas y haces lo que quieres hacer. Más si cuentas con el apoyo de los seres queridos. El paso número uno es quitarse de la mente el nudo de no puedo, y luego hacer lo que te gusta, que es la parte fácil".A pesar de que tiene la oportunidad hoy en día de ser un profesor universitario, y un investigador, Jhon Amaya reconoce las barreras que encontró cuando ingresó a la universidad: “me enteré que habían abierto la carrera de Ingeniería Electrónica, presenté la prueba y entramos 45 personas, inicialmente fue difícil porque donde hice el colegio era un ambiente más cómodo, aquí los espacios son más grandes, no conocía a nadie, hay muchas escaleras, y eso lo hizo complicado, pero la ayuda de mi padres y mis hermanos fue mi mejor impulso".En este momento, el ingeniero imparte clases de Tecnología de la Información y la Comunicación en el tercer semestre de Ingeniería Electrónica, una cátedra vinculada al desarrollo de aplicaciones que funcionen en red y, con sus enseñanzas, contribuyen a que los muchachos puedan adquirir conocimientos para hacer programas de ese tipo."Somos personas iguales al resto""Uno de los puntos fundamentales para ayudar a las personas con alguna discapacidad, es que las traten como a una persona normal. Si la gente piensa que se trata de alguien diferente, la cosa ya va mal, porque siempre existirá una barrera, o bien sea hacia arriba o hacia abajo; porque la van a subestimar o a sobreestimar, y en cualquiera de los dos casos, es terrible, porque o le tengo lástima o no lo puedo tratar como a los demás; nosotros somos ciudadanos normales, con ciertas limitaciones, pero con muchas capacidades", expresa Amaya.A sus 33 años, Jhon Amaya está apunto de ser doctor, gracias a los estudios de Tecnología de la información y la computación e inteligencia artificial, que cursa en un convenio de la Universidad del Táchira y la Universidad de Málaga, ya que su prioridad es prepararse cada vez más. "Si haces algo, debes hacerlo bien, nosotros estamos en la vida para aprender algo y debemos aprenderlo lo mejor posible".--- Yo les digo a los jóvenes, lo importante no es la meta, sino lo que andas; en ese sentido, el mensaje es disfruta el camino que transitas hasta llegar a la cosas que te propones, y yo he disfrutado lo que hecho hasta ahora; el cielo es el límite, simplemente falta un poco de voluntad, y ponerle corazón a las cosas--- finalizó. (Fuente: Diario La Nación. Autora: Laura Sobral)
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